Un trabajo especial, cuento basado en la descripción de un lugar cotidiano que puede llegar a ser interesante y atractivo



Si cada vida fuera tan simple y trivial, como despertarse, comer tres veces al día, ir al trabajo, recoger a los niños y dormir soñando con el siguiente día que será igual. La verdad me volvería loco, debe ser porque estoy acostumbrado a algo de acción en mis días, pero más que mi personalidad, mi familia o mi casa lo que hace distinta y emocionante mi vida es mi trabajo.
Trabajo ocho horas al día en una corredora de seguros, en una pequeña oficina en el centro  de Manhattan. Yo supuestamente me encargó de archivar solicitudes, ya sea empresarial o personal, para luego pasarlas a otra oficina donde se encargarán de contactar y ofrecer nuestros servicios
Mi oficina consta de un archivador gigante, donde por orden alfabético voy guardando cada papel, pero la realidad es otra, cuando entro en la mañana, paso por un detector de metales, que escanea cerebros, para verificar que no entren espías, luego llego a mi departamento de sellos, y al presionar contra la superficie el sello de solicitud aceptada, mi oficina se transforma con máquinas especiales y mi trabajo cambia. Ahora me encargo de descubrir los secretos de las organizaciones mas peligrosas como la AME (Asociación de Mafiosos Estatales), la ADT (Asociación de Diversos Terroristas), entre otros.

Cada cosa que agarro se transforma. El piso, aunque parece de mármol ordinario, se convierte en una goma elástica que logra ampliar el lugar, los papeles se convierten en pantallas, donde puedo acceder a cualquier documento por mas confidencial que sea, los clips en realidad son chips que tienen codificado los pensamientos de las personas más trastornadas del mundo, y los cuadros son planos de las historias y misiones de cada asociación. Los  porta-retratos del escritorio tienen en tinta invisible las claves para acceder a mi mente y la de mis colegas.
La semana pasada se me quedó el almuerzo en mi casa, y mi esposa fue a llevármelo a mi trabajo. Cuando me llamó con la noticia de su visita, entré en pánico, y aunque estaba a punto de descubrir quién era la mente maestra detrás de las bombas biológicas que planeaban lanzar en el norte del país, me puse en marcha a llamar al vigilante para avisar de la llegada de mi esposa.
Cuando llegó, la torre de control desactivó cualquier transformación, aviso o pista de que mi trabajo fuera inusual, algo más que sellar papeles y dar seguros de vida, mi esposa me saludó con gran cariño, vio mi oficina y afortunadamente todo le pareció excelente, hablamos un rato de una cena sorpresa, hecha por ella para celebrar las buenas notas de nuestros hijos, y se regresó a la casa para seguir con su monótona vida.
Esa noche mis hijos en la cena hablaban de los trabajos de los padres de sus amigos, policía, bombero, médico, sabía que en el fondo a ellos les daba pena contarles a sus amigos un trabajo tan aburrido como el mío, de sellar papeles todo el día. Pero no puedo hacer nada, me moriría de la emoción si contara cada estupendo día, pero no, prefiero no poner en peligro al mundo entero por un simple deseo de admiración familiar, algún día cuando ya no esté en este mundo lo sabrán, aunque la verdad el especial no soy yo, sino ese lugar que es más creativo que la imaginación, más poderoso que la magia, en fin, el trabajo perfecto.
Mi vida es la combinación perfecta, agitada en el día, salvando al mundo, y por las noches siendo un padre de familia. Si mi esposa supiera que cada evento que parece ser ocasionado por un súper héroe, en realidad soy yo.
Reconozco que si hablara de mi trabajo nadie me creería, pero me da lo mismo, no pienso contarlo. Pues lo relacionarían con la esquizofrenia que me diagnosticaron hace 10 anos, pues sí, estoy seguro que estoy sano, por eso dejé de tomar las pastillas, es imposible vivir una mentira, aunque mi sicólogo no lo admitiera, y además si no fuera gracias a mí la maldad se hubiera apoderado del planeta, de mi familia y de mi genial trabajo.

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