Una chica como Wendy": Cuento basado en la canción de Peter Pan del Canto del Loco


Siempre había pensado que la niñez era una etapa divertida, y que la vida del adulto estaba llena de responsabilidades y obligaciones, aunque todo depende de cómo se lleve. Crecer era para mí algo biológico más que mental. Me llamo Arthur,  tengo 25 años, y esta es la historia de cómo Karen cambió mi vida, y se llevó a un Peter Pan interior que poco a poco fui descubriendo.
            Desde pequeño fui muy creativo. Mis juegos eran los más divertidos, podía pasar horas frente a una caja de cartón y pretendía ser desde un astronauta, hasta un buzo. Luego fui creciendo o por lo menos eso pensaba.
            Mi adolescencia fue horrible, dejar a mis juegos llenos de invención, por una pelota que ocasionaba dolor por los morados en mis piernas. Antes me leían cuentos para dormir, después oía música o programaba la televisión media hora para adormitarme. Dejé los carritos y empecé a salir con chicas, y observé cómo la rebeldía se apoderaba de mí y me alejaba de mi madre. Todos estos eran muchos cambios en corto tiempo, tanto que era imposible absorberlos todos.  En mi caso, trataba de aparentar ser un adolescente normal, pero por dentro, seguía soñando con esa niñez que lentamente  desaparecía.
            En la escuela siempre andaba con los chicos, pues mi personalidad, llena de miedo y vergüenza por hablarle a una niña, ocasionaba tartamudeos y palabras sin sentido, por ello decidí no intentarlo más y dejar que la vida me hiciera madurar. Aunque ésta última frase sea un poco incoherente, pues la madurez si no la buscas, no llega, si no la enfrentas no la vences, pero a decir verdad nunca me preocupó.
            Llegué a la Universidad y decidí estudiar arquitectura, pues la creatividad siempre estuvo en mi mente, me había convertido en un hombre un poco más sociable con las chicas. Cada novia representaba para mí una ficha en un juego, la cual en la siguiente jugada ya no me haría falta.
            Los juegos persistían, pero en forma de fiesta, alcohol, diversión y playa. La vida no era problema alguno para mí, los estudios eran simplemente algo que por ensayo y error algún día superaría y por ende no tenía preocupaciones.
            Un día con mis sobrinos, estábamos viendo la película de Peter Pan, en la que en el país de “Nunca Jamás” la diversión llenaba el ambiente y las preocupaciones no existían, pero como hasta en los cuentos no todo puede ser perfecto, bastaría un personaje para cambiar la historia. Wendy se enamora de Peter y el mundo de la madurez lo hace recapacitar de que en la vida no todo es juego y diversión, también hay preocupaciones y obligaciones. En esa historia encontré una conexión, sólo que sin la chica (por ahora). Siempre noté una relación entre Peter y yo, pero nunca pensé que sería tan similar.
               Un día llegando a una clase de Diseño Urbano, me encontré con una chica muy hermosa: los nervios invadían mi cuerpo, trastabillé y caí de bruces en el suelo, fue tan grave que hasta los libros terminaron cuatro pisos abajo. Ella mirando sonreída, me dijo: “Ven te ayudo, vas un poco tarde, ¿no es cierto?”. Desde ese momento tuve la impresión de que ella tenía un poder para leer mentes, pero más allá de eso, su belleza me hipnotizaba, sus palabras eran siempre justo lo que necesitaba, en mi mente rondaba una frase de una canción A veces gritas desde el cielo queriendo destrozar mi calma, vas persiguiendo como un trueno para darme ese relámpago azul”  todo indicaba que yo estaba enamorado. 
 
               Cada día soñaba con aquella chica, no entendía porqué ella y no otra que fuera más fácil de conseguir. Empecé a seguirla en la universidad, hasta el punto de conocerla por sus movimientos y miradas: era muy estudiosa, amistosa, muy centrada en la vida, era todo lo contrario a mí. No parecía ser de este mundo, adivinaba el pensamiento de cualquier persona. Averigüé su pasado y me impresionó saber que era adoptada. Sus padres la abandonaron en un hospital fuera de la ciudad, esa fue la prueba perfecta para imaginarme que no era de este planeta. 
 
               Cada vez mi vida giraba del mismo modo que la de mi amigo Peter. En ningún momento me importó el pequeño detalle de su existencia como extraterrestre, más bien pensé en que le daría un toque de diversión a la relación. De hecho, nunca me molesté en averiguarlo bien, quería dejarlo como una duda.
                                                       
               Después de tanto pensarlo, le iba dando vueltas a la canción que mencioné anteriormente y cada vez más, su letra me ayudaba a reflexionar de lo que debería hacer con la chica, todo el día cantaba “Un día llega, mira calma mi Peter Pan hoy amenaza, aquí hay poco qué hacer. Me siento como en otra plaza, en la de estar solito en casa, será culpa de tu piel”.
 
               El 14 de febrero, día de los enamorados, me decidí hablarle, lo había pensado todo perfectamente, mi plan se adaptaba a sus expectativas ante un hombre. Ella era tan inusual que yo no podía llegar como típico conquistador, con unas flores y un peluche, y querer manipular las situaciones con la labia de cualquier galán.  
 
               Me acerqué y le dije: “Hola, tú eres la chica que me ayudó hace tiempo con mi aparatosa caída ¿no?, te debo una, te invito a una cita, tienes pinta de que te gusta el helado de frambuesa con mora, y también de que todos los planes se te cancelaron el día de hoy”. Todo era perfecto para que creyera que yo leía mentes como ella y  que algo nos unía. Todos esos días persiguiéndola valieron la pena pues me dijo: “Sí, me buscas…”, le interrumpí: “A las 7 después de que vayas al tenis y hables un rato con tus padres sobre cómo te fue hoy en el día, ¿no?”. Ella se río y me dijo: “Por cierto, soy Karen, nos vemos esta noche”.
 
               No sé por qué no leyó mi mente, pudo ser su emoción al pensar que conoció a alguien igual a ella. Esa noche descubrí que ser adulto no era más que tomarse en serio la vida y las cosas que te rodean y tener un fin importante que justifique tus actos; los juegos no llenan, en cambio el amor suple cualquier diversión. Después de esa cita nos hicimos novios. En mi mente guardo el día en que ese Peter Pan decidió salir para madurar y comprender que la vida es más que imaginación y juegos. Ahora sólo pensaba en la parte de la canción: Será que me habré hecho mayor, que algo nuevo ha tocado este botón, para que Peter se largue y tal vez viva ahora mejor más a gusto y más tranquilo en mi interior, que cámpanita te cuide y te guarde”.
 
Canción: Peter Pan, de “El Canto Del Loco”.

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